Despedida..... o hasta la siguiente aventura!

Como os habreis dado cuenta, desde mediados de mayo que mi regularidad en el blog desapareció prácticamente por completo. La razón es bien simple, no me daba la cabeza para escribir!
El porqué de que no tuviera cabeza para escribir es un poco más compleja.
Hacia mediados de mayo tuve el inmenso regalo de poder viajar a sorprender a mi madre por su cumple numero 60 a Madrid. El viaje desencadenó una serie de toma de decisiones y discernimiento de lo que el plan de Dios nos deparaba.
El discernimiento consistía en decidir si nuestro tiempo acá en el sur había llegado a su fin y si en el proceso de emprender otro rumbo,el camino era pegar el salto, cruzar el charco e instalarnos en España.
Con José siempre siempre desde que nos conocimos que hablamos la posibilidad de vivir afuera. Era algo que nos daba muchísimas ganas y teníamos en mente para el futuro. Pero los tiempos de Dios no son los nuestros, y el ya mencionado viaje nos abrió una posibilidad en España, que si bien sigue siendo un salto al vacío y de confianza en Dios, nos permite pegar el salto con cierta red de contención.

Así que después de varias semanas de pensarlo a fondo, rezar sin parar, hablar sin parar, pensar todas las opciones, hacer listas de pros y cons, hacer balances y toooodo lo que se puedan imaginar..... llegamos a la conclusión de que teníamos que pegar el salto.
Así que con poco menos de un mes de anticipación, hicimos pública la noticia a nuestra familia y amigos más cercanos.
Cada amiga con la que hablé diciéndole " tengo noticias!" inmediatamente me respondía : " se viene el cuarto???"
la mayoría de amigos y familia quedaron bastante sorprendidos por la noticia, que me resultó muy curioso, porque no vamos ni 5 años de casados y estamos haciendo la quinta mudanza! Pero claro, siempre fue algo que hablamos entre nosotros, no necesariamente expresábamos a diestro y siniestro que era un anhelo que teníamos.

Sentimos que por nuestras edades, las edades de los chicos y cientos de pequeños detalles más, este es nuestro momento de lanzarnos a la aventura. Dejamos la certeza de una estabilidad laboral de José, dejamos un país que ha sido nuestra casa, nuestra patria ( y seguirá siendolo) por 13 años en mi caso y desde siempre para José. Dejamos familia, amigos del alma, dejamos momentos y recuerdos, dejamos atrás incluso la mayoria de nuestras posesiones, muebles, etc...

Aunque todavía no nos toca despedirnos de Argentina, esta semana sí nos toca despedirnos de Viedma, de la Patagonia. Estamos en la locura de la mudanza, vendiendo lo que no queremos guardar, guardando lo que no queremos perder, repartiendo lo que no queremos vender....
y todo el tiempo vuelve a mí una frase que me dijo mi hermano Santiago la noche antes de volar  (hace casi ya 3 años) a Viedma con mis dos bebitos. Yo no podia parar de llorar de la angustia de ir a la absoluta incertidumbre, dejar mi Buenos Aires querido, mis hermanos, amigas, cuñados, sobrinos.... irme a la nada misma que me parecía entonces la patagonia. Santi, que siempre tiene el don de la palabra, me abrazó y me dijo: " Cata, todo lo que lloras ahora por irte a Viedma, un día lo lloraras por dejar Viedma".

Recuerdo los primeros 6 meses que fueron tan tan duros. lloraba todos los días, no lograba hacer amigas, las únicas personas que veia desde las 6 de la mañana que se iba José hasta que volvia casi a las 10 de la noche eran mis dos bebitos. extrañaba todo, todo me costaba, sentía una soledad absoluta.
Después recuerdo cuando por fin conocimos un matrimonio encantador que generosisimamente nos abrió sus corazones, nos abrió su grupo de amigos y hicieron todo lo posible para que nos sintieramos acompañados.
Que lindo fue poder ir conociendo familias buenas, sanas, hacernos amigos con los que compartir un rato de charla, unas empanadas y el caos de criar niños pequeños.
Después pienso en José, como del agotamiento inicial que fue adaptarse a un campo muy demandante, pudo ir haciendose al lugar, al campo, a los ritmos, aprender, crecer profesionalmente....
Pero sobre todo, pienso en estos 3 años que hemos tenido de tiempo de familia, de tener todas las horas del fin de semana para nuestros hijos. De disfrutar de estar en casa, aprender a dejar atrás ese ritmo frenético que uno a veces lleva en una ciudad grande a aprender a disfrutar de no tener nada que hacer, de simplemente estar en casa.
Pienso en el momento que me enteré que venia en camino Fátima, lo duro que fue vivirlo lejos de familia que pudiera ayudarme en los meses dificiles de reposo. Pero también recuerdo la alegría de por fin llegar a casa con ella desde Buenos Aires. Poder por fin ponerla a dormir en su moisés que la estaba esperando.

Si bien muchisimas veces me ha costado horrores vivir acá ( las cosas como son!jaja) no me cabe la duda que ha sido una etapa increible para nosotros como familia, como matrimonio!

Y sé que cuando lleve a los chicos a su ultimo día de colegio y me despida de sus profes y la directora que son unas divinas totales....voy a llorar.
Y sé que cuando salga por última vez del super, donde cada vez que voy me preguntan por los chicos, voy a estar aliviada de no gastar tanto en la compra, pero en el fondo, voy a estar triste. Porque en el próximo super al que vaya, las cajeras no se van a saber los nombres de mis hijos y les van a regalar caramelos.
Y sé que cuando me toque despedirme de el lujo de amigos que nos hemos hecho( que no tengo duda lo serán siempre) lloraré como una magdalena.

Y sé que cuando crucemos el puente viejo sobre el Rio Negro el sábado detrás de nuestro camión de mudanza, lloraré de dejar la Patagonia. Y le daré la razón a mi hermano Santiago.

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