Viento!
Volviendo a mis sensaciones de esos primeros días patagónicos, hay una constante que me impactó entonces y no deja de chocarme a día de hoy. Esa sensación es el viento.
Cuando cuento a amigos o conocidos que vivo en la patagonia, generalmente la gente se imagina que vivo en la zona de la pre cordillera, con esos paisajes increibles, casi que sacados de una novela de Tolkien. Rápidamente tengo que aclararles que no es así, que vivo en la zona atlántica de la Patagonia, la zona que parece más un desierto sacado de un western.
Cuando tomamos la decisión de mudarnos, por supuesto googlee todo lo posible de la zona a la que nos mudaríamos. que misterioso y exótico me parecía todo! veía fotos de planicies marrones con Ñandues ( avestruces patagónicas) o carreteras de tierra con extensiones inmensas a los lados.Pero confieso que toda la info de Google no puede equipararse a la primera sensación que tuve al bajarme del avión.
Desde el aire, ese desierto árido y salvaje se podía distinguir perfecto, incluso me recordaba a la tierra seca del campo español que crecí viendo. Pero fue pisar la pista de aterrizaje del pequeño aeropuerto y pensar: " Dios mio! Si me dan un paraguas, salgo volando como Mary Poppins!"
Seguramente, alguien local diría que exagero, que uno se acostumbra al viento. Pero yo es algo que no logro acostumbrarme. Cada vez que abro la puerta de casa para salir y me pega en la cara una fuerte ráfaga, vuelvo a tener esa primera sensación. Es la sensación de pequeñez ante los elementos de la naturaleza, es una sensación de incomodidad, es una sensación de querer protegerte del viento y no saber bien como.
Una prueba de que no exagero es que tanto Juan como Luis, la primera expresión climática de ambos fue decir: "hace mucho viento!". no fue decir, tengo frio o esta lloviendo...fue el viento!
El viento además es helado en invierno y caluroso en verano, y generalmente arrastra toda la tierra de los campos y las calles. Al principio no podía soportar tener que barrer tierra 3 o 4 veces por día. me generaba una frustración! Ahora he aprendido un poco a resignar. Vivo en la patagonia, vivo en una calle de tierra, es inevitable que el viento arrastre tierra adentro de casa todos los días. así que aunque me cueste, me cueste abandonar ese afán perfeccionista mio, resigno a que la tierra se junte, se pose sobre los muebles, a que entren ráfagas de polvo con cada coche que pasa por delante de casa.
Sí puedo reconocer que ya no me afecta tanto como al principio, en que salir a la calle con los 2 gorditos bebés y el viento me generaba stress. O el constante ruido del viento me daba dolor de cabeza. Ya aprendí a no tender la ropa a secar afuera si es que no quiero recogerla marrón. Hay veces que incluso me sorprendo, en invierno metida en la cama caliente, con lo interesante que resulta el sonido del viento contra los árboles del fondo del jardín.
Dicen que la climatología afecta el modo de ser de la gente. Dicen que los nórdicos son como son por la falta de sol, o que los parisinos son antipáticos por la constante lluvia que tienen que enfrentar, o que los andaluces son tan simpáticos por el buen humor que genera todo el sol que ven durante el año. Los patagónicos son gente cálida y acogedora, pero muy hogareña. Un domingo a la mañana el pueblo parece prácticamente desierto. Yo creo que esto es resultado del clima. Son gente simpática porque tienen sol prácticamente todo el año ( José incluso lleva la cuenta de todo el tiempo que pasa entre una lluvia y la siguiente) pero tienen que enfrentar la aridez y crudeza del viento constante, por lo que nada mejor que estar en casa!
yo que soy bicho de ciudad, y nada me hace más feliz que caminar por la calle mirando vidrieras, he tenido que aceptar el pasar mas tiempo en casa, el estar en casa todo el día con los tres. Y si bien me cuesta mucho ( mil veces preferiría estar en cualquier cafetería o barcito tomándome un café con los 3 gorditos a cuestas) el hecho de estar siempre en casa me da tanto tiempo de disfrute con los chicos! pintamos, jugamos con plastilinas y legos... incluso he aprendido a coser!
Y eso es algo que estoy segura que cuando sean más grandes y recuerde, recordaré con cariño y agradecimiento, no sé si agradeceré el viento, pero si toda esta experiencia que estamos viviendo como familia.
Hablando del viento, acabo de recordar la cara de mi madre ( que después del nacimiento de Fátima me acompañó de vuelta a Viedma para ayudarme a acomodarme) al bajarse del avión en el aeropuerto de Viedma hace unos meses..... y me vuelvo a morir de la risa! pienso en su cara, mezcla de espanto, de sorpresa y de " como cuernos camino hasta la terminal del aeropuerto con un niño en brazos con tanto viento???" y pienso: " ahhhh, ya sé entonces cual era mi cara dos años atrás!"
Escribís muy lindo cata
ResponderEliminarMe encantó Cata!
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